Por qué creé We IBD
Hace cinco años me diagnosticaron una EII (enfermedad inflamatoria intestinal). Como a muchas personas, ese diagnóstico fue un auténtico shock. De un día para otro, me encontré con más preguntas que respuestas.
Aunque el diagnóstico fue difícil de aceptar, la enfermedad no me era del todo desconocida. Fue entonces cuando recordé a mi abuela y todo el cuidado que ponía en lo que comía. Todavía la veo pelando cuidadosamente sus tomates y quitándoles las semillas. De niño no entendía por qué lo hacía. Solo muchos años después comprendí que esos pequeños gestos eran simplemente su manera de intentar vivir mejor con la enfermedad.
Al principio, buscas respuestas por todas partes. Con cada brote, te preguntas qué lo provocó. ¿Fue esa comida? ¿Esa copa compartida con amigos? ¿El estrés? ¿Una mala noche? Repasas todo lo que hiciste, intentando encontrar una explicación.
Y luego, casi sin darte cuenta, aparece la culpa. Empiezas a temer ciertos alimentos. Dudas antes de salir a un restaurante. A veces rechazas una invitación porque no sabes cómo reaccionará tu cuerpo. Lees artículos, escuchas los consejos de todos, pruebas distintos enfoques... y a pesar de todos tus esfuerzos, los síntomas a veces vuelven sin razón aparente.
Con el tiempo entendí que no existe una cura milagrosa. Cada EII es diferente. Lo que funciona para una persona no necesariamente funcionará para otra.
Pero también entendí que a menudo son los pequeños hábitos, casi triviales, los que marcan la diferencia. Como los gestos de mi abuela, cada persona aprende poco a poco qué alimentos tolera mejor, cuáles conviene evitar en ciertos periodos, y el impacto que pueden tener el estrés, el sueño o la fatiga. Ese camino requiere tiempo, paciencia y mucha escucha de uno mismo.
Pero la memoria tiene sus límites. Entre dos consultas pasan las semanas. Olvidas cuándo empezaron los síntomas. Ya no recuerdas exactamente qué comiste o qué pasó los días anteriores. Y sin embargo, son a menudo esos pequeños detalles los que ayudan a entender mejor la enfermedad.
We IBD nació de esa experiencia. Quería crear la app que me hubiera encantado tener desde el principio. Un lugar sencillo donde anotar tus comidas, tus síntomas, tu sueño, tu nivel de estrés, tu energía o simplemente cómo te sientes. No para encontrar respuestas inmediatas, sino para tomar perspectiva. Porque, con el paso de las semanas y los meses, a veces empiezan a aparecer hábitos, conexiones o desencadenantes que nunca habrías notado de otra manera.
We IBD no pretende sustituir a un médico ni establecer diagnósticos. Su objetivo es ayudarte a comprender mejor tu propio recorrido y disponer de un historial claro que puedas compartir con tu gastroenterólogo si lo deseas.
La privacidad era esencial para mí. Vivir con una enfermedad crónica ya es suficientemente personal. Por eso tus datos permanecen en tu dispositivo. Ninguna cuenta que crear, ningún almacenamiento en la nube, ninguna publicidad, de ningún tipo. Son, simplemente, tuyos.
Hoy en día, yo también sigo aprendiendo a vivir con mi EII. No tengo todas las respuestas, y creo que nadie las tiene. Pero he aprendido que no hay que intentar controlarlo todo. Hay que aprender a escuchar al propio cuerpo, aceptar que cada recorrido es único y avanzar un día a la vez.
Si te reconoces en estas pocas líneas, espero que We IBD pueda acompañarte. Porque, en el fondo, esta app nació de lo mismo que tu propio recorrido: el deseo de comprender mejor la enfermedad para vivir con ella, en lugar de contra ella.
Werner Masseglia
Fundador de Wewe apps